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4.) El primer allanamiento: lo que realmente ocurrió

  • Foto del escritor: Hosting Dept. - America T&S Co.
    Hosting Dept. - America T&S Co.
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

A veces, un país enfrenta sus propios fantasmas.

Y a veces, esos fantasmas se presentan en la puerta de tu casa.


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En este blog quiero relatar, con respeto pero con total claridad, lo que ocurrió en el primer allanamiento que sufrí.

No para victimizarme, sino para dejar un registro real, humano y documentado de hechos que —años después— siguen sin una explicación lógica dentro del marco legal paraguayo.


Aquel día amaneció como cualquier otro… hasta que hombres armados ingresaron a mi hogar, a mis espacios personales, a la intimidad de mi familia. Entraron con armas visibles en habitaciones donde había menores de edad, un hecho que en sí mismo viola protocolos básicos de actuación y protección a niños establecidos tanto por la ley paraguaya como por tratados internacionales.


La orden judicial era simple: allanamiento y secuestro de equipos.

Pero la forma en que se ejecutó jamás fue simple, ni legal, ni proporcional.


Durante todo el procedimiento escuché repetidamente la amenaza:

“Podemos llevarte detenido ahora mismo.”

A cada minuto.

A cada gesto.

Sin fundamento alguno, sin una sola prueba previa, sin una acusación concreta.

Apenas una denuncia presentada por un tercero, sin verificación, sin consulta, sin análisis técnico, sin un solo requerimiento formal a mi empresa para solicitar documentos o demostrar licencias —licencias que sí existían.


Lo que buscaban ese día —según ellos— era evidencia de un supuesto delito.

Lo que encontraron fue exactamente lo contrario: todo en regla, todo ordenado, cada servidor, cada documento, cada autorización técnica en perfectas condiciones.


Tanto así que, incluso con toda la presión, no pudieron detenerme, ni justificar en el lugar ninguno de los motivos que habían alegado en la denuncia.


Y aun así, se llevaron todo.

Todos los equipos.

Incluidos aquellos que estaban bajo cadena de custodia por procesos anteriores.

Incluso dispositivos homologados.

Incluso servidores declarados ante la CONATEL.

Todo fue incautado sin una sola pericia previa,

sin un informe técnico,

sin un especialista,

sin un paso mínimo de verificación.

Y sin hacerme una sola pregunta.


Nunca —ni fiscal, ni policía, ni juez— me consultaron antes del allanamiento:

“¿Tu empresa tiene licencias?”

“¿Puedes mostrarlas?”

“¿Puedes justificar el origen de esta tecnología?”


Nada.

Solo ejecutaron, confiscaron y se retiraron.


Y todo ello basado en una denuncia aislada, presentada por un estudio jurídico con claros intereses comerciales en el mercado audiovisual, pero sin una sola comprobación previa contra mi empresa, mis contratos internacionales o mi persona.


Aquel allanamiento marcó un antes y un después.

No solo por la violencia innecesaria,

ni por el daño económico,

ni por la exposición pública,

sino porque inauguró un proceso en el que la legalidad quedó en segundo plano,

y donde el debido proceso empezó a romperse punto por punto.


Este vlog no busca dramatizar.

Busca dejar claro que el origen de todo este conflicto ya nació con irregularidades profundas:

● procedimiento desproporcionado,

● amenaza constante de detención sin causa,

● ingreso armado a espacios con menores,

● secuestro de bienes sin pericia,

● ejecución basada en suposiciones y no en hechos.


Hoy, años después, sigo aquí.

Con serenidad, con respeto, con documentos en mano.

Y sigo contando mi historia —no para pelear, sino para que la verdad quede registrada.


Porque toda persona tiene derecho a defender su honor.

Y este espacio es parte de esa defensa.

 
 
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