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5.) La primera y contundente victoria jurídica

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  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Un capítulo donde la verdad habló más fuerte que cualquier acusación.


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Hay momentos en la vida en los que uno entiende, con absoluta claridad, que la justicia existe.

Y que cuando los hechos hablan por sí mismos, ninguna presión, ningún interés externo y ninguna estrategia puede cambiar la verdad.


Este capítulo marca la primera gran victoria jurídica de todo este proceso:

el sobreseimiento definitivo, otorgado de manera unánime, basada exclusivamente en la ley y en la ausencia total de delito.


Después del primer allanamiento —irreproducible en cualquier Estado de Derecho moderno— comenzó una investigación que nunca encontró un solo elemento para sostener una causa penal.

Ni uno.


Mi empresa estaba en regla.

Mis contratos internacionales estaban en regla.

Mis dispositivos, homologados.

Mis derechos, documentados.

Cada informe, cada pericia, cada diligencia lo decía con claridad: no había delito.


Por eso, la decisión de la jueza fue contundente:

sobreseimiento definitivo, aplicando la normativa expresa del Código Procesal Penal que establece que, cuando no existen elementos que sustenten la imputación, el proceso debe cerrarse de forma irrevocable.


Pero la historia no terminó allí.


El Ministerio Público del Alto Paraná decidió apelar.

No presentó nuevas pruebas.

No presentó nuevos argumentos.

Solo apeló, intentando mantener viva una causa sin sustento.


La Cámara revisó todo nuevamente:

las actuaciones, las diligencias, los informes, la legalidad del procedimiento y los fundamentos jurídicos de la jueza.

Y la respuesta fue clara, firme y categórica:


Se confirma la sentencia.

Se rechaza la apelación.

El sobreseimiento queda firme.


Una victoria jurídica completa.

Una decisión respaldada por la ley.

Un reconocimiento, por segunda vez, de que no existía delito alguno.


Esa resolución marcó un punto importante en mi vida:

la certeza de que la verdad sí tiene fuerza.

La tranquilidad de saber que un tribunal imparcial analizó todo y confirmó lo que yo siempre supe.

Y la esperanza de creer —todavía— que la justicia paraguaya puede actuar con independencia, rigor y valentía cuando corresponde.


Hoy recuerdo ese día no como un triunfo personal, sino como una prueba de que cuando los hechos son claros, la justicia se impone.

Fue la primera gran victoria jurídica.

Y también fue la reafirmación de que mi trabajo, mi empresa y mi trayectoria profesional siguen respondiendo a un principio simple:

hacer las cosas bien, aunque cuesten.

 
 
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